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VISCERAL: recuerdos de un proceso creativo

Por Florencia Dupont

El mes de abril del 2017 rodamos Visceral, nuestro primer cortometraje de ficción. La experiencia surgió de una propuesta de Manuel; él quería grabar algo en la casa de sus abuelos, donde estaba viviendo en aquel entonces. Yo ya conocía el lugar pero ahora había que verlo de otra manera: el tipo de casa, los muebles, el entorno. Yo crecí en una clase media, en Argentina, y conocía muy bien ese contexto. Pensé muchas ideas para grabar algo allí, tenía que ser algo acotado, un fin de semana, equipo reducido, todo autogestionado.

Caminando a la casa de una amiga, Karla Hormázabal, quien luego se convirtió en la protagonista de esta historia, se me vino una imagen a la cabeza. En ese entonces estábamos trabajando una obra de teatro, Casa de Muñecas de Ibsen, yo estaba participando como diseñadora integral en un colectivo interdisciplinario. La imagen fue un diente que se caía al masticar una almendra (algo que me había pasado comiendo cabritas, al morder un maíz bien duro). La protagonista de la obra de Ibsen vivía comiendo y dosificando sus almendras, era también presa de un sistema patriarcal que le exigía un cuerpo bello y perfecto, además de mantener silencio y obedecer. Recordé entonces muchas películas que me habían gustado donde la tensión estaba puesta en las complejas relaciones de pareja y donde las mujeres sufrían las consecuencia. Había experimentado estas escenas en relaciones propias y decidí que era un buen momento para escribir sobre eso, lo necesitaba. Mucho después descubrí que existía un concepto que ilustra estos maltratos psicológicos: “gaslighting” o luz de gas se llama.

Fue un proceso creativo veloz, en un mes o dos, desarrollamos la idea, escribí el guión, la propuesta estética y probamos encuadres en la locación, y a la hora de grabar ya teníamos todos los planos más o menos pensados. Manuel había estudiado minuciosamente cómo la luz natural incidía en cada lugar de la casa, y en qué horario debíamos grabar cada escena. Camila y Antonia se sumaron al trabajo de arte y se preocuparon muy bien de trabajar la paleta color, generando atmósferas que ni me había imaginado. El tema del diente y la sangre ya lo habían realizado antes en otra película y había quedado muy real.

El casting lo pensamos junto a Karla y Luis; y sin muchos ensayos previos fueron dos días de improvisar en el set. Recuerdos los cafés que tomé con Guilherme, Rafael y Analí para hablar del guión y sus personajes; de las obras de teatro donde los vi actuar en el Sidarte, Matucana 100 y la Camilo Henríquez. Con Karla trabajamos mucho las referencias cinematográficas, películas que nos íbamos recomendando como Perder la razón, La mujer del policía o En mi piel. Manuel no soportaba mucho ver escenas con sangre y revisábamos Rohmer.

Referentes estéticos

Tuvimos fallas en el rodaje, sí, como siempre. El segundo día de grabación una maratón nos quitó casi cuatro o cinco horas, en un exterior día! Mismo día que los vecinos no querían bajar la música ni dejar de meter ruido, pero aún así lo logramos. Así es el cine independiente, no había otra opción.

El proceso de post producción también fue interesante. El montaje lo hizo Paloma, con quien ya había trabajado antes. Meticulosa, supo montar escenas bien complejas, llena de diálogos eternos y comida entre medio, también hallar un ritmo y propuestas sobre el material que había. Nunca olvidaré el día que fui a buscar el corte final a su casa y antes de salir me explotó una llamarada de gas que salió del horno y que se extendió por todo el piso de la cocina, subiendo por mi cuerpo. Por suerte, sobreviví.

Luego nos enfrentamos a más problemas en la corrección de color, por un filtro que probamos y no funcionó como esperábamos, pero que Hernán supo resolver de la mejor forma. Da gusto ver como cada plano se convierte en un lienzo que se vuelve a pintar. Por otro lado, Diegolar se sumergió en el mundo del sonido, creando tensiones sensoriales que me llegaron a erizar la piel. Recreo atmósferas grabando ambientes en varios lugares y foleys en la misma casa. Lo más difícil fue encontrar el sonido perfecto para la escena del diente, algo visceral.

Hoy tres años después, creo que valió la pena salir a jugar y experimentar cosas sin mayor presión que esa. Un amigo me dijo que vio muchos guiños a Hitchcock, quizás esto fue lo más inconsciente de todo, pero para mí es un gran maestro y referente, así que no me quejo. Siento que el corto también tiene un humor extraño, a lo Buñuel, pero quizás es que yo encuentro gracioso, casi surreal hoy día, este mundo tan burgués y patriarcal.

Visceral fue estrenado el 2019 en el 25º Short Film Festival In Drama, en Grecia; y fue parte del 4º Festival Internacional de Cortometrajes Mira Lincoln en Argentina; espera este año ver la luz en Chile en la primera edición de Final Girls Chile.



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